¿Encuentra sitio el relativismo en el razonamiento moral?

Supon que, como en la película de Luis Buñuel, existiese una sociedad en la que sus miembros se reuniesen en público para defecar alrededor de una mesa mientras conversan sobre sus quehaceres e intereses cotidianos.

Supón que es costumbre, se considera una ocasión útil para socializar e incluso la gente se ofende si no se respetan una serie de buenas maneras como el no levantarse sin tener una buena razón mientras los demás sigan en la mesa.

Supón ahora, siguiendo lo que aparece en la película de Buñuel, que en esa sociedad comer en público es considerado una ofensa contra los demás y contra la dignidad del individuo. Es más, ver comer a alguien produce una serie de respuestas en los demás que van de la verguenza ajena al puro asco y repulsa.

a)¿Es correcto en nuestra sociedad para un adulto defecar en público? ¿Merece una sanción, amonestación o castigo por ello?
b)¿Es correcto en esa otra sociedad para un adulto defecar en público? ¿Merece una sanción, amonestación o castigo por ello?
Por otro lado,
a’)¿Está bien en nuestra sociedad para un adulto comer en público? ¿Merece una sanción, amonestación o castigo por ello?
b’)¿Está bien en esa otra sociedad para un adulto comer en público? ¿Merece una sanción, amonestación o castigo por ello?

¿Cuáles son tus respuestas?

A raíz de una intensa conversación con Antonio Gaitán estas últimas semanas, así como de la publicación del artículo de Katinka Quintelier y Dan Fessler (2012)  Varying versions of moral relativism: the philosophy and psychology of normative relativism sobresale el que gran parte de la psicología moral no consideraría este par de preguntas y respuestas como propios de la cognición moral. En otras palabras y más precisamente, según una corriente de pensamiento importante en la disciplina de la psicología moral contemporánea si has respondido a las preguntas a) y a’) afirmativa o negativamente y, por el contrario, has respondido a b) y b’) negativa o afirmativamente, no estarías entonces razonando de manera moral.

Dicho aún de otro modo, según estos psicólogos y filósofos la aceptación de una simple relatividad en la valoración de acciones similares compromete que el juicio sobre la acción en cuestión pueda ser considerado como un juicio o razonamiento moral.

Evidentemente, esto implica un uso muy particular de lo que significa razonar moralmente. Para el interesado en el estudio de la psicología moral puede ser muy iluminador el saber cómo se ha llegado hasta esta caracterización “estrecha” del concepto de moral, en particular, del razonamiento moral.

En el origen -como en mucho de la psicología del desarrollo- fue Piaget. El precoz y pionero psicólogo suizo, pese a avanzar un marco de comprensión del desarrollo psicológico interaccionista, es decir, en el que el infante o niño va desarrollando sus capacidades cognitivas conforme explora activamente el mundo, mantuvo, no obstante, respecto al desarrollo moral que éste se adquiría en la primera infancia a raíz de atender a los imperativos que emergen de los adultos, que simplemente gozan de mayor autoridad o poderío físico que los propios infantes.
Esta forma de razonamiento moral recibió el nombre de “moral heterónoma”, ya que las normas morales (nomoi) provenían, según esto, de otros (hetero-), en este caso una fuente de autoridad externa. Sólo más adelante, según Piaget, los jóvenes adquirirían toda una serie de normas morales por un razonamiento y comprensión propias. De ahí que denominara a esta forma de razonamiento moral, moral autónoma, pues las normas son descubiertas por uno mismo y derivan parte de su autoridad de ello.
Mucho ha llovido desde Piaget pero en lo esencial el vuelco en la visión del desarrollo se forjó a partir de los años 60, en los que no sólo se enterró definitivamente la idea de que en el desarrollo moral los niños fuesen simples “esponjas” que absorven las normas acríticamente, sino que se pasó a considerar a los niños e infantes como “filósofos en miniatura” según la famosa fórmula del psicólogo Lawrence Kohlberg.
Esto es relevante aquí porque es en este contexto que surge el trabajo del equipo del psicólogo Elliot Turiel. Lo que los trabajos de este equipo de psicólogos han puesto de manifiesto en literalmente cientos de estudios y replicaciones realizadas en las más diversas culturas del globo terráqueo es que niños de cinco años (y según algunos estudios, ya niños de 3) son capaces de distinguer entre normas que dependen de una autoridad social, la costumbre o la simple convención de aquellas que dependen de que se infrinjan derechos y se provoque un daño. Mientras que las primeras son relativas a un contexto y en cierto aspecto arbitrarias, las segundas suelen ser clasificadas por los individuos como independientes del contexto y su infracción como más grave y más castigable. En definitiva, el significado de esto es que los niños ya antes de los 5 años son capaces de adquirir un dominio de normas relativamente autonomo de un dominio de normas relativamente heteronomo o dependiente de la autoridad.

Y esta distinción replicada en infinidad de veces y culturas distintas recibe el nombre de…. distinción entre el “dominio moral” y el “dominio convencional”.

Puesto que tal distinción en el razonamiento está presente en el desarrollo temprano del niño, en las culturas más distintas, algunos filósofos han argumentado que es un buen candidato para ser una capacidad innata para el razonamiento moral, o incluso, que es una muestra de la distinción del razonamiento moral respecto a otras formas de razonamiento sociales, pero no morales.

Sin embargo, ¿es menos moral nuestro razonamiento acerca de la relatividad de ciertas acciones según el contexto como se sugiere por la apreciación de las escenas en el film de Buñuel? El artículo de Quintelier y Fessler es interesante en este sentido porque nos recuerda que la investigación en psicología moral ha estado sesgada conceptualmente durante décadas al identificar el razonamiento moral con un razonamiento en términos de universalidad y generalizabilidad. En particular, ha guiado la investigación una presuposición de origen kantiano, de que un juicio para ser verdaderamente moral debe ser perfectamente generalizable. En otras palabras, si un juicio moral no puede ser generalizable a situaciones similares en otras latitudes y tiempos históricos, es decir si no tiene un carácter universal, tal juicio no es plenamente “moral” en un primer momento. El efecto de esta elección metodológica es que aún desconocemos mucho sobre las maneras en que la relatividad se articula naturalmente en el razonamiento moral. Muchas de las maneras en las que esta articulación pueda darse, son terriblemente relevantes para nada menos que las teorías normativas sobre el relativismo en ética.

En Taipei, ciudad de cinéfilos, una cadena de restaurantes ofrece unas instalaciones a la Buñuel. Los retretes son, por supuesto, sólo para uso como taburete.

Anuncios

Un comentario

  1. Hi, this is a comment.
    To delete a comment, just log in, and view the posts’ comments, there you will have the option to edit or delete them.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s