La ceguera motivada

A principios de 2009, tras 10 años llamando a la puerta del organismo regulatorio encargado de supervisar la legalidad de las prácticas financieras en Estados-Unidos, Harry Markopolos pudo finalmente declarar algo tan sencillo como brutal:

“los fondos de inversión que proveían a Maddof fueron incentivados para no hacer preguntas- para cegarse voluntariamente y no ponerse intrusivos respecto al plan de Maddof”

Harry Markopolos testificando 10 años después de que sus denuncias contra Madoff no llegasen a ser investigadas

En un libro titulado “Nadie prestaba atención” el propio Markopolos cuenta su versión sobre cómo durante 10 años, tras ofrecer varios informes que relataban la imposibilidad matemática de los rendimientos y beneficios de las inversiones de Maddoff, resultó imposible montar una investigación alrededor de este caso de fraude.

En retrospectiva, el comportamiento de los organismos reguladores resulta verdaderamente asombroso. Un brillante documental de la cadena pública norteamericana PBS señala algunos de los hitos más importantes de esta historia: Tan pronto como principios de los años 90 existían ya indicios serios que vinculaban a Bernard Maddoff con las prácticas del conocido como timo piramidal o estafa de Ponzi. Maddoff operaba además como inversor de alto riesgo con más de 3000 clientes sin estar registrado para ello, cuando en realidad la cifra máxima de clientes para operar sin registrarse eran 15. Markopolos y sus colaboradores entregaron además sendos informes en 2000 y 2005 a la comisión del mercado de valores que contenían pruebas fehacientes de las prácticas delictivas de Maddoff. El informe de 2005 era tan explícito que incluso llevaba el título “El mayor fondo de inversión de riesgo (Hedge Fund) del mundo es un gran fraude”. En 2001 varios periodistas de la finanza se interrogaron sobre los métodos del gabinete de Maddoff elevando sobre estos un gran interrogante que podía ahora leerse a cuatro columnas en las páginas centrales. Sin embargo, no fue hasta el colapso financiero de Lehman Brothers en 2008 que cuando los fondos de inversión que nutrían a Maddoff empezaron a retirar su dinero y éste encuentra dificultades para satisfacer tales demandas, los organismos de control -en este caso el FBI- empezaron a interesarse por investigar al gabinete de este trader que había operado ilegalmente durante años para grandes bancas europeas (entre las que se cuenta el banco Santander), varios miembros de la realeza y otras grandes fortunas.

El autoengaño y el conflicto de intereses
En el libro Blind Spots, Max Bazermann y Ann Tenbrunsel abordan varios procesos por los que prácticas de corrupción pueden darse sin que los individuos implicados sean siquiera conscientes de que están ante un dilema de naturaleza ética. Los autores tratan varios estudios de caso tales como las firmas de auditoría que notificaban las cuentas de empresas con prácticas fraudulentas como Enron, las agencias de notación del crédito que durante años otorgaron la más alta calificación a las operaciones especulativas sobre las hipotecas basura o los fondos de inversión, banqueros o agentes de inversión que nutrieron a Maddoff de miles de clientes sin tan siquiera arrugarse ante la ilegalidad de los procedimientos que conducían a tan extraordinarios rendimientos.

A lo largo de las alrededor de 200 páginas que componen Blind Spots, sus autores declinan los distintos procesos psicológicos que se articulan alrededor una idea tan vieja como el mundo pero que no podría estar más de actualidad hoy: el conflicto de intereses. Uno de estos procesos es la ceguera motivada. En la ceguera motivada:
cuando una parte A tiene un incentivo para considerar una parte B bajo una luz favorable, entonces la parte B encontrará dificultades para evaluar la eticalidad del comportamiento de B

En otras palabras, ante la posibilidad de que una persona con la que A está relacionado esté obrando de forma poco ética, A se interesará o no por la eticalidad de su comportamiento, en función de los intereses materiales que le vayan en ello.
Para comprobar el alcance de estos mecanismso el equipo de Max Bazerman ha llevado a cabo una serie de estudios empíricos. En uno de estos pusieron a varios grupos de participantes a responder a preguntas acerca del valor de una empresa a partir de información proporcionada por los experimentadores. Todos los participantes recibían la misma información, sin embargo al inicio del experimento se les distribuía en cuatro condiciones diferentes: comprador de la empresa, vendedor de la empresa, auditor contable del comprador o, por último, auditor contable del vendedor. Lo interesante es que aun cuando se les decía que serían recompensados si se aproximaban al valor real de la empresa en su estimación, el que ocuparan el rol de auditor del comprador o auditor del vendedor iba a afectar significativamente sus respuestas en cuanto al valor de la empresa. Aun es más, cuando Max Bazerman y sus colaboradores llevaron a cabo un experimento semejante esta vez con más de 120 auditores profesionales de las principales compañías de auditoría las respuestas eran del todo similares. ¡Cuanto más grande serían los efectos del conflicto de intereses cuando, ya fuera del laboratorio, la recompensa en cuestión puede medirse en millones de dólares!

¿Afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria? El sesgo del status quo.

Harry Markopolos puso sobre la mesa de la comisión del mercado de valores un informe, lleno de pruebas, titulado “El mayor fondo de inversión de riesgo del mundo es un gran fraude”. El informe no condujo a ninguna investigación criminal de las prácticas de Maddoff.
En el año 2000, Max Bazermann y el economista experimental George Loewenstein declararon frente a la misma comisión regulatoria acerca del problema de la indepencia y los conflictos de intereses en las compañías de auditoría. (Esto fue un año antes de que salieran a la luz escándalos como el de ENRON que implicaban miles de millones de dólares de deuda silenciados por empresas de auditoría como Arthur Andersen). En su informe, presentaron una serie de recomendaciones simples, que no fueron implementadas entonces y, hasta hoy, continúan sin ser aplicadas. Estas recomendaciones simples se resumían en tres:
– Las empresas de auditoría deberían ofrecer solamente servicios de auditoría a sus clientes (y no servicios de Consulting y otros trabajos con los que al final muchas empresas de auditoría acaban realizando una parte importante de su cifra de negocios).
– Los contratos de auditoría deberían ser de duración limitada y durante la cual la empresa cliente no puede despedir al auditor contable.
– Las empresas deben tener prohibido el posteriormente contratar los servicios de auditores contables que han auditado sus libros de contabilidad (una forma de corrupción extendida).

Cuando Bazerman y Loewenstein realizaron sus recomendaciones las empresas de auditoría gozaban de un prestigio importante, la economía iba viento en popa y los reguladores tenían más miedo de los riesgos de intervenir que de los problemas que derivarían si no intervenían. Esta preferencia psicológica se conoce como el sesgo del status quo.

Aunque no se menciona en Blind Spots, curiosamente, el propio Madoff explotó una de las variantes de esta preferencia por el Status Quo. Lejos de ser un outsider, Bernard Madoff gozaba de amplio prestigio en los círculos financieros de Manhattan. Con más de 40 años en el negocio de la inversión, fue nada menos que uno de los fundadores del Nasdaq, la bolsa de valores de empresas tecnológicas e informáticas. A finales de los 90 Madoff fue incluso el presidente de dicha bolsa de valores. Cuando las primeras pesquisas periodísticas se interesaron por los cuestionables métodos de su gabinete de inversión, Madoff jugó a fondo la tarjeta de visita de venerable inversor de la gran manzana. “Dame respeto, llevo 40 años en el negocio” llegó a afirmar a un periodista años antes de que estallara el escándalo. Con esto, Madoff utilizaba la confianza acumulada por tantos inversores que habían anteriormente confiado en él. Forzaba por así decirlo a pesar la credibilidad de las evidencias contra él, frente a la confianza depositada por tantos otros anteriormente al invertir su dinero en su gabinete. Este proceso de razonamiento social por el que se pueden perpetuar decisiones irracionales (como el confiar ciegamente en Madoff) recibe el nombre de cascada informacional.

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Un comentario

  1. […] ceguera indirecta En una entrada anterior, tratamos a propósito de la ceguera motivada, unos de los fenómenos que Maz Bazerman y Ann Tenbrunsel documentan más ampliamente a base de […]

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