Archivos Mensuales: diciembre 2012

Naturalizando una filosofía de la desigualdad económica

Este pasado verano, una de los artículos más discutidos de la sección de filosofía y debate del periódico estadounidense New York Times llevaba por título “El velo de opulencia”. La idea principal desarrollada en dicho artículo de opinión por el filósofo Benjamin Hale es una intuición recurrente entre los sectores progresistas de aquel país, por lo menos desde los tiempos de Arthur Miller y su “Muerte del viajante”.

Dustin Hoffman encarnando a Willy Lomanen la versión de Volker Schloendorff de "Muerte de un viajante".
Aunque existen varias versiones de la idea, me atrevo a decir que su núcleo básico consiste en lo siguiente: un gran número de individuos (¿eventualmente la mayoría?) en dicho ambiente social e histórico tienden a anteponer una determinada probabilidad de crecimiento económico que pueda (aun de manera incierta) repercutir en su bienestar individual, frente a la factualidad o mayor probabilidad de otras privaciones o desigualdades sociales que les afecten. Una idea que a menudo suele ir pareja en tanto que corolario de la anterior es que dichos estados de privación indeseables pueden ser el producto de la propia competición por el estatus aceptada y promovida por los mismos individuos que razonan de tal modo. Otra formulación de todo esto, acaso más sencilla, es que muchos ciudadanos están dispuestos a apoyar medidas políticas que les perjudican en la práctica, si perciben una oportunidad, aun minúscula, de enriquecerse en un porvenir más o menos cercano.
Según una variante popular y extendida del sueño americano, exportada a otras latitudes, cada cual es capaz de prosperar o hacerse rico si sólo se esfuerza lo suficiente. De ahí que, inversamente, a menudo se perciba que el que es pobre o descastado lo es, en primer término, por su responsabilidad personal (en consonancia con la demonizada figura del “pobre ocioso”). Es el lado oscuro de la supuesta “meritocracia”, que influye no poco en la actual “anxiedad por el estatus”, una condición desequilibrante que, aunque congénita a la naturaleza humana, es exhacerbada en los tiempos modernos y la edad contemporánea, como se ha esforzado en demostrar ampliamente el filósofo suizo Alain de Botton.
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