La transparencia, por sí sóla, tiene efectos perversos

Esta semana, el centro de ética de Harvard publicaba un libro electrónico gratuito con referencias a algunas de las investigaciones que se han presentado allí en los últimos meses. Los trabajos cubren un campo muy amplio, en buena parte centrado en los mecanismos de la corrupción institucional y pueden ser de sumo interés para los seguidores de este blog. Puedes descargártelo aquí.
Entre los estudios a los que se alude, figura el de Sunita Sah acerca de los resultados de una serie de experimentos que muestran cómo personas en el papel de consejeros pueden aumentar su persuasión al revelar sus conflictos de interés.

El resultado es sorprendente y de largo alcance pues sugiere que la transparencia proveniente de manera voluntaria de individuos en posiciones de dar recomendaciones tales como recomendaciones médicas o financieras (¿tal vez también políticas?) contribuye a aumentar su influencia y eso aunque se expongan conflictos de interés (de hecho, incluso si disminuye la confianza depositada en estos individuos).
Con este estudio, son varios ya los trabajos en psicología moral y economía conductual que convergen en señalar que la mera transparencia por sí misma, no sólo puede no resolver algunos de los problemas de corrupción que se espera que resuelva, sino que en ciertas circunstancias puede incluso agravarlos.

En un interesantísimo trabajo llevado a cabo por Daylian Cain, George Loewenstein y Don Moore se puso esto de manifiesto al comparar situaciones en la que un participante en el papel de consejero (participante 2) informaba a otro (participante 1) acerca de un valor del que poseía mejor información que el participante 1. En concreto, el participante 1 debía estimar el número de canicas en una jarra que podía ver de lejos. El participante 2, en el papel de consejero, estaba más cerca de la jarra con canicas y poseía por ello una información más fiable en cuanto al número de canicas, con lo que podía comunicar su estimación sobre el número de canicas al participante 1. El participante 1 recibiría una recompensa económica al salir del laboratorio cuanto más precisa fuese su estimación.
En una de las condiciones del experimento, se ponía a los participantes en el papel de consejero en una situación de conflicto de interés, por la cual éstos recibían una mayor recompensa económica al salir del laboratorio cuanto mayor fuera la estimación final del número de canicas que daba el participante 1. El resultado comparando esta situación con una en la que los participantes en la posición de consejero no tenían conflicto de intéres era, efectivamente, que las estimaciones del participante 1 tendían a ser más a la alta allí cuando el consejero tenía un conflicto de interés (ya que, básicamente, el participante 2 en el papel de consejero tendía también a darle estimaciones más altas al participante 1).
Lo interesante se descubrió al comparar estas condiciones experimentales con otra condición en la que los participantes en el rol de consejero y en una situación de conflicto de interés debían, además, revelar públicamente su conflicto de interés. El participante 2 comunicaba así efectivamente al participante 1 que iba a salir con más dinero del experimento si éste último estimaba el número de canicas más a la alta. En este caso, los resultados arrojaron que los participantes en el papel de consejeros se atrevían, en promedio, a dar estimaciones más a la alta sobre el número de canicas en la jarra que en las otras condiciones -en cierto sentido, sucedía que la transparencia creada al revelar los conflictos de interés deshinibía a los participantes en el papel de consejero que no encontraban así reparo para dar consejos más imprecisos y más alejados del valor real.
Además ocurría que los participantes que debían estimar el valor real del número de canicas, descontaban el valor que les daba el participante en el papel de consejero, pero lo hacían de modo insuficiente: subestimaban ampliamente el efecto creado por la situación de “conflicto-de-interés-más-transparencia” sobre el consejo que recibían. En definitiva, la transparencia conseguida al revelar los conflictos de interés no beneficiaba, sino que perjudicaba, de hecho, los intereses del participante 1.

Como digo, no se trata de los resultados aislados de un sólo experimento sino toda una serie de estudios que empiezan a formar un cuadro más sofisticado de los efectos tanto positivos como negativos que la transparencia por sí sóla puede producir en el terreno institucional.

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Un comentario

  1. […] cuales contrastan con la pura transparencia. En efecto, la transparencia es muy poco selectiva y por sí sola no garantiza los efectos que a veces se esperan de ella. Por el contrario, es posible señalar con el dedo no ya a todos […]

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