Evaluación de la intencionalidad… en jueces

Ya se ha mencionado en este blog el interés que tiene investigar los sesgos del razonamiento en una población como la de los jueces (ver, por ejemplo, aquí). Después de todo, no es infrecuente verlos como expertos en el arte del enjuiciamiento, no sólo en su sentido más legalista.

Una nueva investigación dirigida por Markus Kneer y Sacha Gironde parece revelar que los jueces son tan propicios a caer en el sesgo de razonamiento que se denomina el “efecto del efecto secundario” o “efecto Knobe”, al menos tanto como la mayoría de la gente.

Dicho efecto se denomina así en honor del filósofo Joshua Knobe que fue el primero en detectarlo y categorizarlo. En el librito recientemente publicado hablo brevemente de este hallazgo de la filosofía experimental. Se observa claramente en la respuesta que grupos de participantes distribuidos aleatoriamente dan a uno de los siguientes dilemas:

El vicepresidente de una compañía fue a ver al presidente de la junta directiva y le dijo: “Estamos pensando en lanzar un nuevo proyecto. Éste hará que aumenten los beneficios pero también dañará el medio ambiente.”
El presidente de la junta directiva le contestó: “No me importa que se dañe el medio ambiente. Sólo quiero realizar tantos beneficios como sea posible. Lancemos el nuevo proyecto.”
El proyecto fue lanzado. Por supuesto, se dañó el medio ambiente.

¿Daña intencionadamente el presidente de la junta directiva el medio ambiente?

Esta es la pregunta que tras la lectura de la viñeta se formulaba a los participantes en uno de estos estudios. Trata de responderla antes de seguir leyendo. La mayoría de participantes respondían afirmativamente: el presidente está dañando el medio ambiente de manera intencionada. Por otro lado, cuando a otro grupo de participantes se les presentaba la siguiente descripción de una situación:

El vicepresidente de una compañía fue a ver al presidente de la junta directiva y le dijo: “Estamos pensando en lanzar un nuevo proyecto. Éste hará que aumenten los beneficios pero también ayudará al medio ambiente.”
El presidente de la junta directiva le contestó: “No me importa que ayudemos al medio ambiente. Sólo quiero realizar tantos beneficios como sea posible. Lancemos el nuevo proyecto.”
El proyecto fue lanzado. Por supuesto, se ayudó al medio ambiente.

¿Ayuda intencionadamente el presidente de la junta directiva al medio ambiente?

¿Cuál es tu respuesta? En este caso, la mayoría de los participantes respondía que el presidente de la junta no había ayudado al medio ambiente intencionadamente. Ahora bien, si has leído atentamente, habrás constatado que la única diferencia entre los dos escenarios es que en uno aparece la palabra “dañar” mientras que en el otro aparece la palabra “ayudar”. Por lo demás, son idénticos, palabra por palabra.

Hallazgos de este tipo han puesto en duda la validez del modelo según el cual los individuos primero juzgarían sobre la intencionalidad de una acción y luego evaluarían la moralidad de la acción. Según algunas lecturas de resultados como éste (el estudio se ha replicado con una variedad importante de condiciones sometidas a juicio de los participantes), los participantes no juzgarían de la intencionalidad de la acción sino sólo después de evaluar sus consecuencias como más o menos nocivas.

Lo interesante es que las investigaciones de Markus Kneer parecen mostrar que jueces a los que se les propone el mismo dilema ofrecen un patrón de respuestas en todo similar al de otras poblaciones a las que normalmente no se les considera expertas en el enjuiciamiento. Estas investigaciones son muy interesantes en sí mismas por lo que pueden enseñarnos sobre el juicio moral pero además es evidente que dada la población estudiada, las consecuencias prácticas de estos sesgos podrían ser realmente muy importantes.

¿O tal vez no? Los investigadores Paul Egré y Florian Cova han relativizado la importancia práctica del efecto Knobe. Tal vez el fenómeno no se refiera tanto a cómo los individuos son capaces de juzgar en cuanto a la estructura de la acción (intención, causa, efectos) y más al uso normativo del lenguaje.

Su perspectiva, apoyada por una serie de estudios empíricos sobre las intuiciones de los hablantes, consiste en explicar el fenómeno desvelado en el llamado efecto Knobe en relación con otros elementos del lenguaje como adjetivos en torno a los cuales también existen expectativas normativas en cuanto a su uso, por ejemplo, adjetivos tales como “caliente” o “frío”: Si un café está a 25º probablemente afirmaremos que esté “frío”. Sin embargo, la misma temperatura sería juzgada como “caliente” aplicada a una cerveza. De manera algo más interesante, también inciden, con ayuda de experimentos, en las variaciones en el juicio en cuanto a qué supone “mucho” en relación con acontecimientos que pueden tener distinta valoración pese a que se refieren a la misma unidad de medida (por ejemplo, las distintas maneras en las que se juzgará en torno a qué supone “muchas vidas” cuando hablamos de las vidas perdidas en un naufragio o las vidas salvadas en el mismo naufragio). Todo esto les permite acercar el fenómeno del efecto Knobe al interesante terreno de lo que Kahneman y Tversky llamaron los puntos de referencia. Más detalles de todo esto en el artículo de Paul Egré y Florian Cova (ver aquí).

 

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